Corazón pródigo | La historia de Christine D'Clario

Christine D'Clario es una cantante cristiana de las más influyentes en la actualidad, con dieciocho años de carrera y ocho álbumes publicados. En el año 2016 decidió contar su historia en el libro Corazón Pródigo: Una doble vida rescatada y transformada por el amor del Padre perfecto.

En esta autobiografía Christine relata cómo todo el dolor emocional que sufrió durante la niñez y la juventud la llevaron a rebelarse contra Dios, mientras que al mismo tiempo, cantaba como líder de alabanza en la iglesia.

El estar enojada con Dios me hizo comprometer mi fe e integridad. Erré en mi pensamiento. Creía que Dios no podía amarme. Por tanto, mi respuesta era regresarle esta creencia al elegir no amarlo ni amar nada que tuviera que ver con Él.

Dios la restauró antes de poder llevarla al ministerio internacional de adoración que tiene hoy, ya que Christine:

  • Fue víctima de abuso sexual cuando tenía cinco años

  • Sufrió bullying, desaprobación y rechazo desde la niñez

  • Tuvo dependencia emocional con un novio abusivo cuando era adolescente

  • Se entregó a la inmoralidad con el único objetivo de ofender a Dios

  • Guardó rencor por años

  • Se llenó de vanidad y orgullo

  • Creía no valer nada

  • Se convirtió en una hipócrita religiosa

  • Se sentía orgullosa de su rebeldía contra Dios

  • Cantaba en la iglesia solo para recibir aplausos

  • Vivía con odio reprimido

  • Tenía un deseo grande de ser famosa y rica para no sentirse defectuosa

(Estos hechos ocurrieron años antes de que finalmente se reconciliara con Dios y se convirtiera en una cantante reconocida en el medio cristiano).

Los fines de semana en la iglesia se mostraba como una santa y hasta dirigía la alabanza, pero el resto de la semana vivía en libertinaje. Una noche, se dio cuenta de la hipocresía y el desastre en el que estaba convirtiendo su vida. Llena de dolor y enojo, le dijo a Dios lo siguiente:

“Mira, Dios. Si es cierto que tú me ves, que me amas, que tienes planes para mí, y todo eso que dice la Biblia, ¡tienes hasta la medianoche para demostrármelo! Digo, si es que me estás oyendo, y si es que en verdad existes. Si no lo haces, se terminó para mí. Me iré de la iglesia y me lanzaré de lleno al mundo, y esta vez es cierto. Porque si a ti no te importa lo suficiente como para mostrarte delante de mí antes de que termine el día, entonces a mí tampoco me importa lo suficiente como para mantener esta fachadita de niña de iglesia. Y si me pierdo en el camino, ¡pues que me pierda!”.

Me encantaría decirte cómo continuó su historia y la manera en la que Dios le respondió aquel ultimátum, pero es mejor que lo leas. O si quieres escucharla a ella contarlo, puedes hacer clic aquí (es un video en YouTube).

En el libro, además de relatar lo que hizo mientras vivía su doble vida, Christine nos cuenta el hermoso proceso de restauración que pasó para ser sanada de sus heridas emocionales, de las expectativas irrealistas que tenía de sí misma, del deseo de atención y aprobación incesante que la embargaba, de su resentimiento contra los hombres por su ruptura amorosa y de sus propios deseos vanidosos.

Aun más, expone la hipocresía religiosa en la que los creyentes podemos caer al ignorar nuestros propios errores y dedicarnos a ser juiciosos con los de los demás, un tremendo fariseísmo del que ella era parte en aquel entonces.

Así que... si quieres leer una historia sincera, descarnada, que te haga comprender el amor de Dios y la importancia de la sanidad emocional, y que plantee un nuevo enfoque sobre la parábola del hijo pródigo, este libro es la opción indicada. Verás cómo Christine fue transformada hasta ser la mujer de Dios que es hoy.


Puedo decirte que es de mis libros de cajón, de los que repaso semanalmente, ya que me identifico mucho con lo que Christine vivió y su proceso de sanidad emocional. Es de las personas que más admiro; su vida y su ministerio han sido de mucha bendición para mí, así como sus canciones (te comparto su perfil de Spotify).


P. S.: Si quieres conocer parte de lo que ha sido mi proceso y cómo su historia me hizo sentir acompañado, puedes leerlo en la parte de abajo.


SOBRE MÍ


Andrés Beltanien

@andresbeltanien

Me encanta leer fantasía, chick lit, middle grade, suspenso y motivacionales cristianos. En mis tiempos libres escribo y hago repostería. Actualmente trabajo como distribuidor independiente de Herbalife Nutrition desde hace ocho años.

Dato curioso: Mis canciones favoritas de Christine son Seguirte y La Batalla.


 

¿Por qué este libro es especial para mí?

Viví cada una de las situaciones que sufrió Christine: bullying, desaprobación, maltrato, rechazo y abuso sexual. A eso se sumó que siempre me sentí desencajado por mi poco apego al prototipo masculino y mi propensión a la creatividad; sentía que era un error, que merecía el maltrato y que no había esperanza para mí. Me odiaba por ser como era, al punto que en una ocasión le alegué a Dios por haberme creado.


(Si bien en otro artículo toqué este punto de mi vida de manera somera, hoy lo comparto con profundidad y lo que ocurrió después).


Con el tiempo, al igual que Christine, y para ya no tener qué sufrir, desarrollé una habilidad para reprimir emociones y fingir que todo estaba bien, mostrándome eternamente feliz, aunque por dentro estuviera sufriendo. Si alguien mencionaba situaciones que me lastimaron, yo ponía una sonrisa, como si nada.

Me esforcé tanto en detener ese tipo de sentimientos y emociones, que finalmente la piel me pasó la factura, a lo que mi dermatólogo catalogó como un exceso de adrenalina por tensión acumulada. La solución que me dio fue recibir ayuda psiquiátrica.

La piel se me quemaba en exceso por la ansiedad.

¿Yo? ¿Ayuda psiquiátrica? Me parecía increíble. Yo era Andrés, la caricatura de Discovery Kids que nunca sentía tristeza y que siempre se mostraba alegre. Según yo, nada podía afectarme, pero como el problema de la piel persistía, acepté.


En las terapias con el psiquiatra, aprendí a reconocer y procesar mis emociones, a recordar con lujo de detalles cada una de los hechos que viví en la niñez, por doloroso que resultó aceptarlos, a aceptar que me lastimaron, que me humillaron y que dejé pasar muchas cosas porque creía que el problema era yo, un error andante.

Fue en la cuarta sesión que lloré por situaciones que tenían más de diecisiete años de haber pasado y que me esforzaba por reprimir.


¿Sabes por qué cuando tienes días muy felices entras en ansiedad y luego te pones de mal humor? Porque estás tan acostumbrado al maltrato, que en esos días te hace falta y te da síndrome de abstinencia. —Psiquiatra

Esas primeras sesiones fueron terribles para mí. Hasta ese momento, no me había percatado de todo el revoltijo que tenía en el alma por las heridas del pasado. Entonces recordé la historia de Christine que había leído un año atrás; la repasé, la escuché y me sentí acompañado. Podría decir que es la persona con la que más me he identificado alguna vez. Eso hizo el proceso menos retador.


Fui confrontado a darme cuenta de que muchas de mis actitudes y comportamientos autodestructivos eran motivados por heridas que aún no cicatrizaban. Tampoco estaban alineados con lo que Dios quería para mí; hice muchas cosas de las que me arrepiento, solo porque pensé que no podía aspirar a nada mejor.


No obstante, tal como Dios rescató a Christine de sí misma, de sus sentimientos y pensamientos, también lo hizo conmigo. Me sanó del dolor del pasado y me dirigió a un nuevo camino: he podido perdonarme por las veces que lastimé a otros, a perdonar a las personas que me dañaron y a procesar mis emociones y sentimientos, cuales sean; tal como dice la Biblia, hay un tiempo para todo, incluso para llorar y estar triste, algo que evitaba a toda costa.

Continúo con las terapias. El pasado hizo muchos estragos, pero no me arrepiento de nada, tampoco cambiaría ni una sola situación. Ahora comprendo que todo lo que viví fue de bendición, no sería la persona de hoy de no ser por eso.


Cualesquiera que sean tus heridas y los pensamientos que a veces sientes que no te dejan vivir en paz, quiero que sepas que pueden ser sanados y retirados con la ayuda de Dios. Él usa distintas maneras para hacerlo. En mi caso, fue una parte de la historia de Christine que me acompañó, la guía de mi psiquiatra, el deseo de cambiar y el amor de Dios.


Andrés González