• Andrés Beltanien

Un nuevo "Felices por siempre" | Capítulo 6: Cuentelia Canta

Actualizado: 12 de nov de 2020


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6

Cuentelia Canta


El resto de la mañana sobrevolaron el valle hasta que llegaron a los Estudios Grimm, ubicados en la cima de una montaña. Como aún tenían tiempo y ya era hora de almorzar, se apearon de los hipogrifos y se fueron a comer a un restaurante llamado Cuentucky, donde concurrían los actores de las mejores telenovelas y películas que transmitían por las bolas de cristal.

Cenicienta aprovechó la oportunidad y le pidió su autógrafo a su actor preferido: Peter Panccino, que actuaba de niño en la famosa telenovela El amor no crece. Marimar, por su parte, invitó a tomar una taza de café a la famosa Ricitos de Oro.

—Amo tu cuento —le dijo Marimar—. ¡Cómo acabaste la avena del osito y hasta te atreviste dormir en su cama!

—Era muy pequeña. Fue una suerte que pudiera escapar, o me hubieran devorado entera. No olvides que eran osos, animales realmente salvajes. Por suerte un cazador me ayudó —dijo Ricitos de Oro, que ya era muy anciana, pero al mismo tiempo muy guapa. Conservaba su cabellera dorada y vestía un lujoso abrigo de piel de oso.

Terminaron de comer y dieron un recorrido por los estudios, se compraron gafas de sol de distintos colores y un espejo que si reflejabas en él los momentos vividos, los guardaba.

—No lo puedo creer —dijo Lepsia acercándose a un lobo disecado con camisón—. Es la abuelita de Caperucita Roja.

—En realidad es el lobo que intentó comerla, Lepsia —dijo Cenicienta.

Unas niñas que visitaban el lugar con sus padres se acercaron a Cenicienta y le halaron el vestido con emoción.

—¿Es usted la famosa Cenicienta? —preguntó una de ellas, dándole un abrazo—. ¡ES MI PRINCESA FAVORITA!

—Te lo agradezco —dijo Cenicienta—. ¿Por qué soy tu favorita?

—Porque siempre tuvo esperanza, aunque su familia la tratara mal —dijo la niña—. Es mi ídolo.

—O porque no tenía a dónde más ir —le dijo Cenicienta.

—Vámonos —dijo la otra niña—. Escuché que hoy vendrá de visita el Hada Madrina… lo anunciaron hace meses. ¡Es mi oportunidad de verla! Ya está muy anciana.

—Dudo que venga —le dijo Cenicienta—. A menos que la traigan disecada. Pero qué disfruten el recorrido, niñas.

Las niñas se alejaron, algo confundidas por las palabras de la anciana.

—¿Es usted…? —Un joven que pasaba por ahí se acercó a Marimar—. ¡SU CUENTO ES MI FAVORITO! —Extendió el espejo para que los reflejara a ambos—. Quiero una selfie con usted. Sonría.

¡Clic! El espejó capturó el momento.

—Es un honor para mí —dijo Marimar.

—Lo es más para mí —dijo el joven—. No siempre se ve al protagonista del cuento de El pez mordedor. Gracias por la foto.

Las demás princesas se echaron a reír.

Mientras Best, Blancanieves, Cenicienta, Lepsia y Marimar disfrutaban de un capuccino en un kiosco de crepas, Rapunzel se apareció con un licuado de apio y piña y dijo:

—No hemos decidido quién de nosotras cantará. —Se echó en el suelo.

Marimar sacó el colgante de la bruja del mar.

—Todas deseamos algo —dijo Lepsia—. Podríamos cantar como grupo y que nos den un deseo a cada uno. Creo que no va contra las reglas.

—¿Y cómo es que todas obtendremos voz de cantante si solo hay un collar? —Blancanieves mordió su crepa de manzana.

—Yo puedo ayudarlas. Era mi joya, después de todo. —Una cecaelia obesa de cabello blanco y piel morada se les apareció al frente con un soyalate en mano. Tenía el pelo engominado hacia atrás, un flamante labial de color púrpura y un delineador extravagante. Sus tentáculos sobresalían por debajo de un vestido dorado—. Es bueno verte, Marimar…

—¡La Bruja del Mar! —Marimar se echó hacia atrás.

—Hace mucho que dejé ese trabajo de bruja. Ahora represento a cantantes —dijo con orgullo, colocándose unas gafas de lectura—. Veo que el hechizo de tu padre se revirtió.

—¿Cómo es que se mantiene joven? —preguntó Blancanieves.

—Hay mucha gente que me da su juventud a cambio de representarlas. —Esbozó una sonrisa pícara—. Pero bueno, a lo que vengo es a ayudarlas.

—¿Por qué quiere hacerlo? —preguntó Cenicienta con suspicacia.

—Porque el narrador me lo ordenó. Me dijo que han metido la pata tantas veces desde que decidieron buscar su felices por siempre, que es mejor que yo intervenga.

Las princesas y Best dirigieron la mirada al cielo.

—Es la verdad —dije yo, el Narrador. Todas bufaron al escuchar mi voz—. Acabaron con el Hada Madrina, convirtieron a Rapunzel en cebra, robaron una joyería… ¿Quieren que siga?

—Pero rompieron mi hechizo y encontré a mi verdadero amor —dijo Best.

—Nunca dije que no hicieron algo bueno, pero metieron la pata más veces de las necesarias —dije yo—. Acepten la ayuda de la bruja.

Y me retiré.

—Tiren el collar al suelo, las voces musicales serán liberadas y buscarán los cuerpos más cercanos —dijo la Bruja. Dio media vuelta y se fue con un caminar soberbio y divino—. ¡Qué tengan suerte!

Marimar tiró el collar al pavimento… ¡CLACK! Estalló en pedacitos y varias luces brotaron de él, volaron en círculos a su alrededor y se introdujeron a la boca de los seis.

—¿Se sienten diferentes? —preguntó Lepsia.

—No —dijo Cenicienta.

—A la cuenta de tres, cantemos —dijo Rapunzel—. Uno… dos… tres.

Los seis entonaron una armoniosa y asombrosa melodía que hizo que los peatones se detuvieran a escucharlos. Algunos aplaudieron.

—Estamos listas —dijo Rapunzel.

Cuentelia Canta era el show más famoso de competencia. Consistía en presentaciones en las que genios salían de sus lámparas si los participantes eran lo suficientemente buenos, luego las hadas los evaluaban y daban el resultado al terminar. El premio era un deseo concedido.

Las princesas y Best siguieron las indicaciones de los presentadores, se dirigieron a la mesa de entrada y recogieron su número de participación. Después los hicieron esperar en una sala hasta que tocara su turno.

El show tomaba lugar en el Gran Teatro, al que acudían miles de habitantes de Cuentelia para presenciar las audiciones, y esa noche no fue la excepción. Una mesa brotó al pie del escenario y aparecieron tres lámparas.

Una voz profunda resonó por el lugar.

—¡BIENVENIDOS A CUENTELIA CANTA! Démosle la bienvenida a nuestra anfitriona de hoy. Sí, la mismísima, la inigualable… ¡CAPERUCITA ROJA!

Una anciana alta con un vestido rojo muy elegante y una capucha con brillantina apareció en medio del escenario. Sostenía unos pergaminos con el itinerario del show y sonreía con complacencia.

—¡Bienvenidos a Cuentelia Canta! —Alzó los brazos—. El show donde los participantes muestran sus habilidades de canto o su deficiencia de talento. ¡COMENCEMOS!

Primero pasó un señor que cantó desnudo y dijo que su ropa había sido confeccionada por los mejores diseñadores de Cuentelia; luego, un capitán con un garfio, que tocó el arpa mientras cantaba con falsete; después, se presentó un cangrejo junto a sus amigos peces que armonizaron dentro de una lujosa pecera, seguido por una muchacha que cantó con un vestido de piel de asno, y finalmente le tocó a nuestras princesas y a Best.

Caperucita dijo:

—Y ahora recibiremos a un grupo de cinco princesas y un príncipe. Ya están algo ancianos, como yo. Pero eso no significa que debamos subestimarlos… con ustedes…

—No pensamos en un nombre para el grupo —dijo Cenicienta. Ya estaban a un costado del escenario.

—¿Es necesario un nombre? —preguntó Marimar.

—Si queremos causar un buen impacto, sí —dijo Blancanieves.

—¡Nos llamamos Los Fugitivos! —gritó Best a Caperucita.

Las princesas lo miraron con cierto enojo.

—Lo somos. —Best se encogió de hombros.

—¡Recibamos! —dijo Caperucita—. ¡A LOS FUGITIVOS!

Las seis participantes se precipitaron el centro del escenario. Enseguida les aparecieron unos cuantos megáfonos mágicos.

—Esta canción va dedicada a todos los jóvenes que tienen sueños —dijo Lepsia.

—No seas plomosa —le susurró Cenicienta.

—Ni siquiera ensayamos una canción —susurró Blancanieves.

—Cantemos estrofas al azar. Tenemos buenas voces, no importa la letra… eso hacen todos los cantantes famosos —susurró Rapunzel.

—Al menos que sean estrofas de nuestros cuentos —dijo Marimar.

Blancanieves y Lepsia comenzaron a entonar falsetes, al mismo tiempo que Cenicienta, Marimar, Rapunzel y Best se fueron sumando con una triste y melancólica melodía.

“A veces el destino te da un cabello largo

Y del mar quieres salir por amor

Pero eres la sirvienta de tus hermanastras

Desde que naciste te lanzaron un hechizo para pincharte en una rueca de madera para que cayeras en un maleficio de sueño eterno

—Una estrofa, no un cuento entero, Lepsia —susurró Cenicienta

Y tu madrastra tu corazón quiere en una caja

Oh oh oh

El egoísmo en una bestia te convierte

Y una carroza hecha de calabaza te lleva al baile

Pero quieres piernas humanas en vez de una cola de pescado

Me comí una manzana envenenada

En una torre me tuvieron atrapada

Y quedé dormida en una cama a que me rescataran

Oh oh oh

Pero eso no me detuvo y escapé de mi torre

Mis sirvientes se convirtieron en objetos

Y el tacón de cristal se me salió mientras huía

Tres hadas cuidaron de mí

Los enanos me dieron posada

Finalmente a mi Príncipe conseguí

Y yo de mis hermanastras huí

Y esta hermosura el hechizo rompió

Sigo siendo una cebra

Y el café me servirá para despertar

Nuestro felices por siempre”


En cuanto acabaron, los tres genios salieron de sus lámparas y las vitorearon con fuerza. La multitud prorrumpió en aplausos y chiflidos mientras algunos se secaban las lágrimas.

—Esa fue una canción hermosa y sin sentido, pero que nos tocó el corazón a todos —dijo Caperucita Roja enjugándose las lágrimas con un pañuelo—. Gracias. Reguarden aquí. Pasaron el estándar de los genios, por lo que las hadas están calificándolos. También quiero que pasen conmigo al escenario los otros que aprobaron: La Orquesta del Mar y Lady Garfio.

El capitán del garfio y los participantes de la pecera se acercaron al escenario.

—Ya saben que nuestro jurado de hadas lo mantenemos en secreto durante el show. Ellas ya dieron sus puntajes. —Caperucita recibió el pergamino de un hada diminuta—. Gracias Campanita. —Suspiró—. Y bien. El grupo que se lleva el deseo de esta noche en Cuentelia Canta es… ¡LOS FUGITIVOS!

—¡Lo sabía! —dijo Cenicienta—. ¡Ja! ¡Perdieron! —le dijo al del garfio y a la orquesta marina, mofándose.

Tres hadas con túnicas de tul se aparecieron al frente y sacaron sus varitas.

—Berta Lidia, Marucha, Florencia. —Lepsia se les lanzó con un abrazo—. Tanto tiempo sin verlas. ¡QUÉ ALEGRÍA!

—¿Se conocen? —preguntó Caperucita Roja.

—Sí —dijo Lepsia—. Ellas me criaron cuando era una bebé.

—No puede haber relación entre los participantes y los jueces. Así que su grupo queda descalificado —dijo Caperucita Roja—. El ganador entonces es ¡LADY GARFIO!

—Tenías que arruinarlo todo, Lepsia —dijo Cenicienta.

—Nos hablamos luego, mi cielo —le dijo una de las hadas a Lepsia, con dulzura—. Debemos cumplir un deseo. Estás hermosa.

—Qué bochorno —dijo Blancanieves, tomó a Best de la mano y dejaron el escenario mientras la multitud abucheaba a Caperucita por la repentina decisión.

Rapunzel, Cenicienta, Lepsia y Marimar abandonaron el teatro y se sentaron en una de las banquetas del estudio, decepcionadas.

—Tanto por nada —dijo Cenicienta.

—Pero nosotros encontramos el amor —dijo Blancanieves. Best le devolvió una mirada dulce.

—Yo sigo siendo una cebra —dijo Rapunzel.

—Lo lamento, chicas —dijo Lepsia.

—Pero nos divertimos… y llevaba décadas sin hacerlo —dijo Marimar.

—Marimar tiene razón —dijo Rapunzel—. Ahora que lo pienso, todo lo que nos pasó fue lo más divertido y emocionante que he tenido en años. Hasta lo de Best fue como una película de terror. Y no todos tienen la oportunidad de ser una cebra.

—Y yo volví a ver a mis hadas —dijo Lepsia.

—Y de no ser por todo eso, yo seguiría siendo una bestia —dijo Best.

—Y aparecí una carroza funcional… —dijo Cenicienta.

—Y lo del hotel fue algo de pura adrenalina —dijo Blancanieves.

Era mi momento de intervenir.

—Felicitaciones a todos. Lo lograron —les dije. La verdad es que estaba muy orgulloso.

Los seis alzaron la mirada al cielo, consternados.

—Los felices por siempre se crean día a día, disfrutando del momento, de los problemas y de tener la mejor disposición a afrontarlos. Ya se dieron cuenta de todo lo que se divirtieron solo por el simple hecho de animarse a hacer algo diferente —afirmé—. Su error fue perder la gratitud con lo que tenían y tomar malas decisiones.

—Yo siempre he sido agradecida con todo lo malo que me ha dado la vida —dijo Cenicienta.

Las demás le dedicaron una mirada de pocos amigos.

Yo comencé a decirles lo que tuve guardado por décadas.

—Cenicienta se queja de los ratones que en algún momento fueron su familia. Blancanieves dejó que las opiniones ajenas la presionaran, por eso se enfocó en querer llenar la expectativa de ser hermosa y se quedó pobre de tantas cirugías plásticas. Lepsia, gracias a su hechizo, se convirtió en la empresaria de café más grande de Cuentelia, ya que eso resultó siendo la solución a sus problemas de somnolencia, no sé por qué te quejas tanto. Rapunzel jamás ha aceptado pensar en un injerto de pelo o mudarse a un castillo mejor para dejar su torre. Y Marimar… Marimar… tú sí que tuviste mala suerte.

—Está bien, tienes razón. ¿Eso es lo que querías escuchar? —dijo Cenicienta.

—Sí, pero soy un narrador de segundas oportunidades —dije con calidez.

—¿Nos cumplirás el deseo? —dijo Marimar.

Yo asentí, aunque ninguna me vio.

—Y así, cada una obtuvo lo que su corazón deseaba en ese momento —dije yo, y conforme mis palabras sonaron, todo se fue cumpliendo en ese preciso instante.

Los pies de Cenicienta se deshincharon y sus zapatillas de cristal aparecieron de nuevo, y le quedaron perfectas, otra vez, además de que la plaga de ratas se mudó al campo. Lepsia jamás tuvo que beber otra taza de café para estar despierta. Rapunzel volvió a ser una anciana, pero con sedoso cabello de color rubio, y no tardaría para que una marca de champú la convirtiera en su modelo. Marimar recuperó su forma humana, y ahora podía decidir ser sirena cuando quisiera. Y Blancanieves, por su parte, volvió a ser la más hermosa del Reino (sin rostro artificial) y decidió que se casaría con Best para vivir juntos en su hotel, que ahora era de seis estrellas.

—Yo no hablé nada de casarme —dijo Blancanieves.

—Al fin. —Marimar vio su cabellera roja y se tocó las arrugas del rostro con las manos, donde antes tenía su cabeza de pescado—. Gracias…

—No extrañaré el café… ni las agruras que me provocaba —dijo Lepsia.

—Gracias —dijo Rapunzel, deslizando los dedos por su cabello.

—Cada día es una aventura, no lo olviden —dije yo.

—Sí, lo comprendemos —dijo Cenicienta, con la vista fija en sus finos tacones de cristal—. Gracias.

—Y más vale que corran —les dije con un tono pícaro.

—¿Por qué? —preguntó Best.

—Porque la Guardia de Cuentelia acaba de entrar a Estudios Grimm y viene por ustedes, sin contar que unos maleantes robaron sus hipogrifos —les respondí.

—¿Y por qué no desapareciste a la guardia? —preguntó Cenicienta.

—Porque no me gusta librar a la gente de las consecuencias de sus actos.

—A decir verdad, me alegra que esto siga. —Blancanieves se puso de pie—. Es muy emocionante. Y tengo a la mejor compañía: mis mejores amigas y mi futuro esposo… por obligación del narrador.

—Yo también te amo —dijo Best.

—No se diga más —dijo Marimar.

—¡A huir, chicas! —dijo Lepsia con una sonrisa en complicidad, muy despierta.

Corrieron al aparcamiento, se metieron a una de las carrozas que usaban los del equipo de producción de Cuentelia Canta y emprendieron la marcha para abandonar el lugar, con la esperanza de encontrarse con más aventuras.

Y así, las cinco princesas aprendieron que había que disfrutar la vida tal como venía.

Ese era el secreto de un Felices por siempre.

FIN




Agradecimientos


A Dios; sé que él es el que pone las ideas en mi mente y me da la capacidad de desarrollarlas. A mis lectoras beta: Milvia Palacios y Ana Lucía Lemus, por haberme apoyado cuando la escribí hace año y medio. A Pily y a su mamá, Vivian González, por ayudarme con su punto de vista al pasar la historia al blog. Finalmente, a mis papás, por darme su apoyo incondicional con todo lo que me ha servido para aprender sobre escritura.

Y a ti, por leer la historia.


Agradezco a los lectores que me dieron ánimo a lo largo de la publicación: Lorena Tello, Vivian González, Thelma Samayoa, Virginia Pajarito, Marisol Zavala, Steven Illescas, Marina Morales, Fiorela Pleitez, Dora Gutiérrez, Mariella Vásquez, Marleny Sunún y Lesvia Gaitán.


Cuéntame en los comentarios cuál fue tu princesa favorita o menos favorita. La mía es Blancanieves (he de admitir que me identifico mucho con ella).


SOBRE AL AUTOR

Andrés Beltanien

Instagram: @andresbeltanien


Andrés disfruta escribir desde los trece años. Esta historia que acabas de leer la terminó en una semana (en septiembre de 2018), gracias a lo que ha aprendido al estudiar un Bachelor en Escritura Creativa.

Dato curioso: Él ve la vida como un libro donde nosotros somos los protagonistas y Dios es el escritor.

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