• Andrés Beltanien

Lo que aprendí al escribir mi primera novela

Actualizado: 12 de nov de 2020

Me llené de emoción cuando pensé en escribir mi primera novela. Y lo hice.


«Será publicada, las editoriales se pelearán por ella, habrán artículos en los periódicos y las revistas donde se me conozca como el nuevo J. K. Rowling o el nuevo Gabriel García Márquez... un escritor prometedor. Y todo gracias a esta joya que estoy a punto de escribir» dijo el Andrés de 15 años.


Sin embargo, nadie me advirtió de las cosas que pasan después de escribirla:


1. Envías tu novela a la editorial y te publican. (Poco común en el mundo de hoy)

2. Abandonas el sueño de publicarla.

3. La envías a un sinfín de editoriales y la rechazan. Decides iniciar con otra.

4. La envías a las editoriales; la rechazan pero te rehusas a dejarla, así que la editas, la editas, y la sigues editando. Algo por dentro te dice que no está bien. Te frustras. Estás confundido y el deseo de publicar te genera tristeza y rabia. Te rindes en la escritura.


De esta última situación es que voy a hablarte.


Parte de lo que un aspirante a escritor debe saber es que la primera novela en que se escribe es muy difícil de publicar (a menos que apuestes por ella y la autopubliques u optes por una coedición). Aún así es un riesgo.


No pretendo desanimarte, al contrario, esa primera novela es muy importante, pero es probable que no vea la luz.


«Entonces... ¿por qué es necesaria e importante si no se va a publicar?» te preguntas.


La respuesta es simple: No has fallado lo suficiente.


Y fallar es parte del proceso creativo de un escritor...


¿Cómo lo sé? Porque pasé cinco años escribiendo una novela; la terminé a la edad de 20 años y decidí coeditarla (no la envié a editoriales por falta de información). Contraté los servicios de coedición de una editorial, y la editora que me asignaron concluyó en que era una novela de baja calidad literaria (trama poco interesante, personajes planos y motivaciones pobres). Al principio me negué a aceptarlo (era como si hablaran mal de mi hijo, y ni siquiera tengo hijos), pero con el paso de los días acepté que ella estaba en lo cierto.


Tenía la opción de publicarla como estaba, pero como soy demasiado perfeccionista, la reescribí. Aún así, no resultó.


Decidí no publicarla, entonces me sobrevino una sensación de fracaso que casi me hace abandonar la escritura. Estaba convencido de que escribir esa novela fue una pérdida de tiempo.


Pero no me quedé de brazos cruzados. Aún me apasionaba escribir, y la única opción era aprender más y mejorar. Quería saber por qué fallé, y encontré las respuestas. Así fue como esa novela se convirtió en mi manual personalizado de cómo no escribir una novela.





Mis errores y sus lecciones


1. No me conocía como autor

Pensé que podía ser como X escritor porque lo había leído; que podía escribir como X escritora porque me sé de memoria sus libros. Hasta quise copiar sus procesos creativos; si X escribía en papel, yo también, aunque siempre me ha gustado hacerlo desde la computadora. Quería ser un híbrido de 'los mejores', y esa constante imitación me impidió desarrollar mi proceso creativo.


Lección: Descubrí que podía usar métodos distintos, poco ortodoxos pero que a me servían y beneficiaban. No debo ser como ellos, aunque sí puedo aprender de ellos.


2. Estaba copiando estilos

Quería tener el sentido del humor de Roald Dahl, la organización de hechos de J. K. Rowling, las descripciones de Stephenie Meyer y los personajes profundos de Stephen King (y ni siquiera había leído a estos dos últimos autores). Por consiguiente escribí una prosa falsa, extraña y poco fluida.


Lección: La falta de originalidad me obligó a escribir con mis palabras y punto de vista (lo que quería contar, de qué manera lo percibía, desde qué distancia, entre otros). Salí de mi zona de confort y hallé mi voz.


3. Me volví un dictador

Le puse etiquetas a mis personajes: 'el valiente', 'la aventurera', 'la abnegada', 'el gruñón', y durante toda la trama los obligué a que se comportaran solo a través de eso, aún cuando ellos querían tomar otro rumbo o mostrar otra faceta. La trama los controlaba y los sometía a mi idea original.


Lección: Aprendí que los personajes son complejos, tienen miles de facetas (como todo ser humano) y son los que guían la trama.


4. La trama era una mezcla de mis libros y programas de televisión favoritos

Es normal escribir de lo que nos gusta... pero en la primera novela exageré y acabé teniendo a un protagonista que actuaba como Arnold (de Hey Arnold), cuya familia era una representación literal de la mía y que se enamoró de un personaje idéntico a Cenicienta. Además, no he mencionado que los protagonistas de mi historia eran extraterrestres, vivían en el espacio y su mundo era MUY PARECIDO al de la caricatura Lloyd del Espacio.


Lección: En las siguientes novelas que escribí, intentando no volver a caer en el error de arriba, me forcé a imaginar más y a crear mundos nuevos, disparatados, pero que orgullosamente fueron producto de mi imaginación.


5. La novela vomitaba el tema que elegí

Mi tema era el optimismo y la importancia de la amistad y la familia. Así que con cada cierre de capítulo, incluía una moraleja que a veces ni siquiera estaba relacionada con los hechos presentados.


Lección: Aprendí que las decisiones y las acciones de los personajes deben reflejar el tema y que es innecesario mencionarlo a cada rato; el lector debe tener la facilidad de inferirlo.


6. No prestaba atención a los detalles ni conocía mi mundo imaginario

Dejé pasar lagunas de trama (incoherencias ante las acciones, hechos de la historia o personajes). Esto se debió a que no dejé 'descansar' la novela (terminarla, guardarla y releerla pasado como mínimo un mes). Tampoco sabía planificar mis historias, usar escaletas y expandir la complejidad del mundo que 'imaginé'.


Lección: Aprendí a descansar el borrador, dedicarme a conocer a mis personajes y el mundo que creé, todo eso para cuando la corrigiera. También me ayudó a agudizar la mente para que no se pasen por alto los detalles que podrían afectar o ayudar significativamente a la trama.


7. El 90% de las escenas eran irrelevantes para la trama

Solo eran escenas de relleno para hacer parecer importante el libro y cuyos diálogos eran de lo más falsos y plásticos (como los de La Rosa de Guadalupe).


Lección: Aprendí que una novela es buena por su contenido, no por su extensión, y que los diálogos deben tener un objetivo y parecer naturales. Lo trivial puede quedarse a la imaginación del lector.


Laura Gallego

Conclusión

Entendí que fallar te hace mejor y te preparan para tu propio proceso creativo o tus próximas historias (las que sí verán la luz).

- Laura Gallego: Publicó por primera vez en 1999, con su novela, Finis Mundi (la número catorce que escribió).

- Javier Ruescas: Publicó por primera en el 2009, Cuentos de Béreth. Y fue la segunda novela que escribió.

También hay excepciones...

- J. K. Rowling: Publicó Harry Potter y la piedra filosofal en 1997, fue la primera novela que escribió, sin embargo, la empezó en 1990 y tardó cinco años en acabarla, editarla y conocer su mundo mágico. Reescribió muchas veces el primer capítulo antes de decidirse. En esos cinco años aprendió a fallar.


Como ves, la mayoría de escritores aprenden escribiendo y fallando al mismo tiempo, hasta que logran 'la novela' que al fin tiene lo necesario para ser publicada (independientemente de cómo).


En lo personal, ya escribí siete novelas, y la que estoy escribiendo ahora (la número ocho), me tiene convencido de querer publicarla y mostrarla al mundo.

"Cada fracaso le enseña a un hombre algo que necesitaba aprender".

Charles Dickens